Los talibanes y la historia del gasoducto de Turkmenistán a India

Sólo tres días después de la caída de Kabul, el 18 de agosto pasado el cónsul turkmeno en Mazar-i-Sharif, una de las últimas ciudades en ser conquistada por los rebeldes, se reunió con el jefe de la provincia de Balj nombrado por los talibanes y en un comunicado el Ministerio de Asuntos Exteriores turkmeno habló de una reunión “positiva y constructiva”, destacando “el carácter fraternal” de las relaciones entre ambos países.

La razón de tanta amabilidad debe buscarse, sin dudas, en el TAPI, el proyecto para la construcción de un gasoducto que desde Turkmenistán atraviese Afganistán y Paquistán hasta alcanzar India. Turkmenistán espera que la conquista del país por los talibanes traiga la ansiada paz y la estabilidad que permitan tender la tubería con tranquilidad. Sin embargo, los datos duros indican que todavía es prematuro para encarar planes de tanta envergadura.

El mismo día de la reunión en el noroeste de Afganistán tuvo lugar en Herat, cerca de la frontera iraní, otro intercambio entre diplomáticos turcomanos y la oficina de representación de los talibanes en esa ciudad.

No los une el amor sino la necesidad pragmática de poner en marcha un negocio que beneficiaría a ambas partes. Tanto lo ansían que ya el 17 de agosto en declaraciones a la cadena de televisión Sky News el vocero talibán Muhammad Suhail Shaheen se manifestó entusiasmado con éste y otros proyectos, sonando para todo el mundo como si estuviera dando una charla en una conferencia de desarrollo regional.

“Afganistán es un puente entre Asia Central y el Sur de Asia”, dijo, y habló del modo en que los intereses de ‘conectividad’ se verían favorecidos si se construyen no sólo el oleoducto TAPI sino también carreteras y ferrocarriles que atraviesen el país de norte a sur y de este a oeste. “Esperamos… [que] se pongan en marcha”, finalizó.

En lugar de ceder al pánico fácil, como ha sucedido en otras capitales de Asia Central, Ashgabat está siguiendo una línea de negocio normal.

El Ministerio de Asuntos Exteriores turkmeno afirmó en otro comunicado del 18 de agosto que mantiene una comunicación regular con los talibanes para seguir prestando servicios de tránsito fronterizo.

“Tomamos nota de que los puestos de control… en los cruces de Imamnazar-Aqina y Serhetabat-Torghundi están funcionando como de costumbre y que se está permitiendo el paso del número necesario de remolques de carretera y de carga ferroviaria en las condiciones acordadas por ambas partes”, expresó el comunicado.

Al comportarse como lo está haciendo, Turkmenistán está adhiriéndose al pedido de Paquistán, para que la comunidad internacional interactúe con los talibanes.

Durante el fin de semana pasado se informó que el ministro de Asuntos Exteriores de Paquistán, Sha Mahmud Qureshi, iba a visitar esta semana todos los países fronterizos con Afganistán, excepto China, con ese mismo mensaje.

En efecto, este jueves 26, tras su reunión con el Presidente de Turkmenistán, Gurbanguly Berdimuhamedov, Qureshi dijo a los medios de comunicación que se esperaba que el proyecto TAPI cree 2.000 nuevos empleos directos y muchos más indirectos.

Gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Paquistán-India).

Gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Paquistán-India).

El ministro paquistaní mencionó que el plan del gasoducto fue discutido en detalle con el presidente turkmeno como parte de una propuesta integral paquistaní, para mejorar la “conexión económica” a través de varios proyectos. Y también dijo que en un futuro próximo se estaba estudiando la posibilidad de convocar a una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de los Estados vecinos para discutir la situación afgana.

Además, afirmó que Pakistán y Turkmenistán seguirán colaborando con representantes especiales de ambas partes para celebrar reuniones sobre el fortalecimiento de los vínculos.

El pragmatismo turkmeno se manifiesta también de otras maneras. Ninguno de los otros países de Asia Central ha aprovechado exactamente la oportunidad de ayudar en las operaciones de evacuación de Afganistán, pero algunos de ellos han aportado su granito de arena.

Tayikistán permitió la entrada de tropas que huían, Uzbekistán ayudó a la evacuación de Alemania de Kabul y Kazajistán, por fin, se ofrece como nueva sede para las oficinas de las Naciones Unidas obligadas a abandonar momentáneamente Kabul.

La respuesta humanitaria de Turkmenistán, en cambio, ha oscilado entre la tacañería y la insensibilidad. El 19 de agosto, el Ministerio de Asuntos Exteriores anunció que permitía el uso de su espacio aéreo a los vuelos que evacuaban a ciudadanos extranjeros de Afganistán.

A los refugiados, al parecer, se les mantiene a una previsible distancia. El servicio turkmeno de inmigración y refugio informó el 17 de agosto de que Ashgabat no permitía la entrada en el país ni a los soldados afganos que huían ni a los turcomanos étnicos que vivían en la frontera.

Por su parte, “Crónicas de Turkmenistán”, una plataforma con sede en Viena, ha declarado que 18 ciudadanos afganos de etnia turcomana que habían sido aceptados como estudiantes en el Instituto Pedagógico Estatal Turcomano Seyitnazar Seydi, en la ciudad de Turkmenabat, han sido informados que no podrán seguir sus cursos.

El proyecto de construcción del TAPI tiene impronta argentina. En 1987 la empresa Bridas, entonces perteneciente a Carlos y Alejandro Bulgheroni, comenzó a expandirse en el sector energético de Asia Central.

Turkmenistán espera que la conquista del país por los talibanes traiga la ansiada paz y la estabilidad que permitan tender la tubería con tranquilidad.

Turkmenistán espera que la conquista del país por los talibanes traiga la ansiada paz y la estabilidad que permitan tender la tubería con tranquilidad.

En 1992 obtuvo su primer contrato para la exploración de gas en Turkmenistán. Entre 1995 y 1997 Carlos Bulgheroni participó personalmente en las negociaciones entre Bridas, los gobiernos de Paquistán, Turkmenistán y el entonces gobierno talibán de Afganistán, para construir el gasoducto transafgano.

Estas negociaciones competían con las de Unocal (Union Oil Company of California, antigua exploradora de petróleo, comprada en 2005 por Chevron) y, aunque se llegó a un acuerdo con la corporación CentGas que aquélla integraba, el acuerdo se cambió en enero de 1998 a favor de Bridas.

Sin embargo, la invasión occidental en 2001 y la guerra sucesiva retrasaron la construcción del ducto. Algunas versiones hablan también de un veto de la CIA hacia los argentinos que, tras la fusión con Amoco (hoy perteneciente a British Petroleum) en Pan American Energy y la muerte de Carlos Bulgheroni en 2016, perdieron el interés en el proyecto.

Turkmenistán, por el contrario, insiste en el plan, porque el país produce más gas natural del que puede consumir y tiene muy pocas formas de sacarlo al mercado.

Sin embargo, la probabilidad de que la inversión en el TAPI se materialice pronto es casi nula, dada la frágil situación de seguridad de Afganistán.

Como han demostrado los recientes atentados en Kabul, el país seguirá siendo de alto riesgo hasta que los talibanes sean capaces de proporcionar un nivel mínimo de seguridad y estabilidad, para que se realicen inversiones a largo plazo.

Por un lado, están divididos en distintas facciones, por el otro el Estado Islámico-Jorasán (la facción del EI que acaba de atentar en el aeropuerto de Kabul) tiene presencia fuerte en el este del país y el Frente Nacional de Resistencia en el norte.

Es, por lo tanto, casi imposible que alguien quiera invertir en una obra tan costosa en condiciones tan peligrosas.

Los ministros seguirán viajando y Turquestán seguirá buscando a quién vender su gas, pero el TAPI todavía deberá esperar.

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